Amor en los tiempos de Mi Amigo Robot

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En los últimos años, la representación LGBT+ en medios animados ha triunfado de una manera excepcional. Desde Steven Universe hasta Nimona, series y películas animadas han visibilizado una variedad de experiencias e identidades lgbtttqia.

Entonces ¿por qué escribo sobre Robot Dreams? Robot Dreams (traducida al español como Mi Amigo Robot), técnicamente no representa a ninguna letra del acrónimo. Sin embargo, al no reducirse a una etiqueta en específico, deja abierta la puerta para una gran variedad de interpretaciones. Entre ellas, una sobre ser cuir en un mundo que te ve como una cosa y no una persona. SPOILERS A CONTINUACIÓN.

Pongamos la escena

Perro es un perro solitario que añora conectar con otras personas. Por eso compra a un amigo robot que ve anunciado en la tele. Perro y Robot congenian inmediatamente; el entusiasmo de Robot cambia la vida de Perro, y Robot es feliz siguiendo a Perro a todos lados. Pero un viaje a la playa acaba en desastre cuando Robot no puede levantarse de la arena. Los dos se separan, deseando poder reencontrarse cuando regrese el verano.

Uno de los cambios que se hicieron al adaptar el libro infantil a la pantalla grande fue enfatizar el tiempo y lugar en el que se sitúa la trama: la Nueva York de los ochenta. Varias escenas retratan con amor los lugares más icónicos de la ciudad (Central Park, Coney Island, el barrio chino). Sin embargo, esta década tiene un tono agridulce para la comunidad queer. Por un lado, la cultura del ballroom prosperaba y se ganó mayor visibilidad en los medios. Por otro, es imposible hablar de los ochenta sin chocar con la pérdida inmensa por la que la comunidad pasó. Toda una generación de artistas, activistas, familias escogidas, se vio afectada por la crisis de salud del sida. Solo fue mediante el valiente activismo de colectivos como ACT UP que se logró que el gobierno estadounidense tomara en serio las vidas de personas queer

¿Y eso qué tiene que ver con mi amigo Robot?

En Robot Dreams, los robots son una clase inferior de personas. Es sutil, pero es parte importante del mundo de la película. Nadie le grita a Robot cuando lo ven con Perro, nadie los ataca cuando pasean tomados de la mano. Mas durante toda la cinta, los animales tratan a Robot como si fuese un objeto: una tripulación de conejos le roban la pierna, un chango se lo lleva de la playa para venderlo. La violencia escala cuando un cocodrilo lo lanza para entretener a su hijo. Desmiembra a Robot porque simplemente no lo considera una persona.

Su cuerpo es un “algo” y no un “alguien”, un sentimiento con el que varias personas queer se pueden identificar. Incluso antes de que cualquier cosa mala le suceda, vemos que Perro lo arma como une armaría un mueble que ordenó en línea. Desde un principio su relación es desigual porque Perro tiene un hogar, así como un lugar en la sociedad, mientras que lo único que Robot tiene es a Perro. Como el hombre de hojalata del mago de Oz, Robot es más sensible que las personas a su alrededor, pese a que la sociedad trata a quienes son como él como si no fueran personas reales. A menudo las disidencias también somos cosificadas para la comodidad de otres. Es una experiencia trans* común el sentir esto con gente cis. Es un legado doloroso que nos conecta con otras disidencias de otros tiempos.

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Habitar el robot

Ser cuir a menudo significa vivir una cotidianidad incómoda. Puede parecer que al mundo no le importan los problemas que nos afectan a nosotres en específico. Nuestros cuerpos se vuelven cosas. Pese a la alienación, la alegría persiste. Una de las escenas que me conmovió la primera vez que vi el filme fue la de la playa cuando empieza a nevar. Robot ya lleva meses inmóvil sobre la arena. No sabe que Perro planea regresar por él, ni qué le va a pasar. Pero su futuro incierto no parece preocuparle cuando empiezan a caer los primeros copos de nieve. Sonríe, como lo hará frente al resto de las adversidades que lo esperan.

La película nos presenta un final de comedia romántica noventera sólo para arrebatárnoslo de las manos. Perro y Robot no volverán a bailar juntos. El anticipado reencuentro sucederá solamente en sueños. Aún así, sus vidas se llenarán de nuevas experiencias y relaciones. Tendrán nuevas parejas de baile. Crecerán. Nosotres también debemos cambiar, adaptarnos; es nuestro deber celebrar nuevas alegrías sin olvidar lo que han costado. Disfrutar de tu otredad en un mundo que te deshumaniza es un acto de resistencia. Así que bailemos, aunque sea solo un momento. Seguimos aquí y eso es algo que vale la pena celebrar.

Fuentes consultadas:
https://www.bfi.org.uk/interviews/robot-dreams-how-we-made-our-animated-love-letter-1980s-
new-york
https://penandoink.com/2015/04/13/a-pen-oink-interview-with-the-great-sara-varon/

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